Escribe: Lic. Claudia Lombardi
Licenciada en Comunicación Social y Asesora de Imagen
@ Lombardi_comunicacion
La lluvia amenazó con suspender todo. Pero aguantó. Y los más de 400 corredores que se acercaron al Estadio Diego Armando Maradona pudieron completar los 7K competitivos o los 3,5K participativos de la 19ª edición de la Maratón de la Paternal, en el marco del 122º aniversario del barrio. Con largada y llegada frente al estadio de Argentinos Juniors, la prueba recorrió el “rectángulo perfecto” que ya es un clásico: de Juan Agustín García a Andrés Lamas, de ahí a Remedios de Escalada de San Martín (Plaza de Pappo), luego Terrada y de nuevo a Juan A. García hasta la cancha.
“Gracias por llenar este domingo las calles de nuestro amado barrio”, expresó Chiche, una de las organizadoras, en un mensaje que resume el espíritu del evento: “El Estadio Diego Maradona los recibe con un abrazo inmenso de gratitud”. Los cupos se agotaron, y la competencia contó con fiscalización de la Federación Atlética Metropolitana y cronometraje electrónico de Eventos Runners.
En la general masculina de los 7K, el podio fue para Nahuel Di Leva (00:20:44, Agrupación Atlética Mario Aguilera), Thiago Román Velázquez (00:21:27, Racing Club de Avellaneda) y Lautaro Moyano (00:22:32, Agrupación Loreto). En femenino, Stephanie Paniagua se impuso con 00:25:51, seguida por María Victoria García (00:25:53) y Emilse Rucci (00:26:08). Los tres primeros de la general —damas y caballeros— recibieron premio en efectivo, y la prueba participativa de 3,5K premió con podio y trofeos a los tres primeros de cada rama. Todos los inscriptos entraron además en sorteos con su número.
La carrera no es un hecho aislado. La Paternal se suma a un fenómeno que no para de crecer en Buenos Aires. La Maratón Internacional de la Ciudad acaba de reunir a 16.384 corredores de 64 países, de los cuales 5.769 fueron extranjeros —más de uno de cada tres—. La Media Maratón, semanas antes, había agotado cupos con 31.500 inscriptos. En menos de un mes, las dos competencias principales de la ciudad acumularon casi 48.000 inscripciones. Y el calendario porteño suma unas 30 carreras callejeras al año, entre 10K, 21K, 42K y propuestas barriales.
Detrás de los números hay una razón simple y poderosa: correr hace bien. La ciencia lo respalda. La actividad aeróbica sostenida —como el running— incrementa los niveles de endorfinas, mejora la calidad del sueño, reduce el riesgo de depresión, fortalece los huesos y músculos, y protege el corazón. Un estudio citado por Cedars-Sinai encontró que incluso cantidades moderadas de running reducen el riesgo de muerte por enfermedad cardíaca.
Pero hay algo más que los estudios no capturan del todo. Lo que pasa en carreras como la de la Paternal es eso que los runners llaman “buena onda”: vecinos que se cruzan, familias que alientan desde las veredas, grupos de entrenamiento que se arman en las plazas, y esa sensación vecinal que transforma una competencia en una fiesta. La Paternal lo demostró una vez más. Con lluvia amenazando, cupos agotados y un clásico del barrio siempre presente.