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13 de Octubre 2018
RADIOGRAFIA DE UNA LECTURA CENTENARIA
Salud a nuestras Bibliotecas Populares
Escribe: Luciana Pinto
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Gran parte de las bibliotecas existentes son de filiación estatal, ya sean públicas, escolares, municipales, provinciales, universitarias, entre otras. Empero, no son las únicas. A lo largo del país existen más de 2.000 bibliotecas populares que surgen de la iniciativa de grupos de personas que se asocian para encarar un proyecto colectivo sustentado centralmente en el voluntariado, y con la misión de potenciar las capacidades culturales de la comunidad.
Las bibliotecas populares tienen una larga data en nuestra historia. La bibliografía identifica a 1866 como su año cero. Sarmiento fue quien fundó en su provincia natal la primera biblioteca popular, que aún permanece activa.
Motivado por normalizar y alfabetizar la Nación que se estaba conformando, reconoció en estas bibliotecas una gran aliada de la escuela. Por ello, al llegar a la presidencia decidió garantizar su funcionamiento: el 23 de septiembre de 1870 promulgó la Ley 419 que creó la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares con la responsabilidad de fomentar, inspeccionar e invertir los fondos disponibles para, bajo su amparo, acompañar a las bibliotecas populares en la República Argentina. Así se multiplicaron por todo el territorio.
Ese aliento alcanzó a La Paternal en el año 1915. Un puñado de vecino nucleados en la Asociación Cultural Florencio Sánchez inauguró en una casona ubicada en el pasaje Nicolás Granada 1660 la que por entonces se llamó Biblioteca Popular Florencio Sánchez. Más de un siglo después continúa su tarea, en el mismo lugar, pero con un nombre distinto. Hoy es conocida como Biblioteca Popular Juan María Becciú.
Menos de diez años después, en 1923, a pocas cuadras, en el barrio Villa General Mitre, se inauguró la Biblioteca Popular Ciencia y Labor, como parte de una asociación vecinal y club barrial. Ubicada en la calle Gral. César Díaz 2453, en sus orígenes, también propendió al desarrollo cultural del barrio.
En honor a aquella Ley de Sarmiento en el año 1990 se decretó el 23 de septiembre como el Día de las Bibliotecas Populares.
Nuestra comuna se jacta por contar con dos bibliotecas populares. Casualmente, ambas son dirigidas por Graciela Orellama. Para celebrar la existencia de estas instituciones centenarias entrevistamos a la bibliotecaria del barrio. Las actividades que llevan adelante nuestras bibliotecas populares, la importancia de la cultura letrada y los cambios promovidos por los dispositivos audiovisuales y electrónicos de las últimas décadas fueron los tópicos abordados. La Biblioteca Popular Juan María Becciú fue el escenario y sobre la cual se focalizaron estas consideraciones.

COMPROMISO PURO
Inicialmente Graciela Orellama se formó como docente. Allí se cautivó por el arte bibliotecológico y decidió formarse en la materia. Desde hace más de 10 años, viene transitando los pasillos y estantes de bibliotecas de diversas características.
De entrada, mientras nos acomodábamos para la entrevista, con simpática amabilidad dijo "te dejo esto, termino algo y ya empezamos". Un pequeño papel sentenciaba la grandeza de lo que allí se respira. Éste decía: "LOS LIBROS ME ENSAÑARON A PENSAR, Y EL PENSAMIENTO ME HIZO LIBRE" Ricardo León.
Graciela concibe su trabajo como interesante y de mucho compromiso. "En una biblioteca popular está todo compactado. El bibliotecario no sólo debe estar atento a la cuestión bibliográfica, sino también atender asuntos técnicos, edilicios y de otros rubros", preanuncia antes de ahondar en las características particulares de la Biblioteca Popular Juan María Becciú.
Cuando se incorporó a esta biblioteca, hace aproximadamente dos años, como primera medida se dedicó a organizar el material existente. Por suerte, recuerda, encontró un manual de procedimientos que explicitaba el criterio de clasificación de libros, lo que facilitó su tarea.
Las catalogación y expurgo fueron necesarios para reacondicionar la disposición buscada, generando espacios para nuevas adquisiciones y ubicando los libros según su propio guión, disponiendo en la sala principal del material de consulta asidua.
El trabajo de expurgo se focalizó en aquellos libros que eran poco consultados o que resultaban obsoletos para la demanda temática de la Becciú. Esos libros fueron donados a otras bibliotecas afines a esos temas para su aprovechamiento. Así se ganó espacio, especialmente, para la narrativa, género fundamental de las bibliotecas populares en su tarea de promover la lectura.

NUEVAS TECNOLOGÍAS
Surgidas en el siglo XIX las bibliotecas populares se sustentaron en la hegemonía de la cultura letrada y escolar. Pero en la actualidad, ante el descentramiento del eje letrado impulsado por la cultura visual y digital que impone el ecosistema comunicacional, es menester reflexionar sobre la promoción de la lectura en particular y la cultura en general.
Al respecto, Graciela celebra la irrupción tecnológica siempre y cuando no se haga un abuso de su uso. Como herramienta de gestión permite "agilizar procesos y búsquedas, y nos da la oportunidad de coordinar consultas y actividades. Es una gran herramienta al momento de gestionar este tipo de espacios", enfatiza.
En cuanto a la lectura digital o libro papel "hay pros y contras". Reconoce el riesgo de que los menores entre 4 y 8 años solo se familiaricen con dispositivos digitales. Ella entiende que entre los adultos no existiría ese riesgo pues ya sabemos cómo utilizar uno u otro dispositivo. En cambio, en los chicos que no acceden a un libro a temprana edad atenta contra el desarrollo de sus  habilidades comprensivas. Para ejemplificar, nos cuenta una anécdota que vivió en la Becciú: "recibimos la visita de un curso de un jardín maternal y los niños no sabían cómo manipular un libro. Ni cómo ojearlo o agarrarlo. Puede sonar trivial pero es fundamental a esa temprana edad. Manipular un libro ayuda al aprendizaje de lectoescritura en los comienzos de la escuela primaria y facilita la adquisición de competencias que se desarrollarán en los siguientes grados".
Otro riesgo estaría vinculado a la jerarquización de información y cómo encarar una búsqueda bibliográfica. "Si buscas información de Brasil, como ocurrió durante el mundial (de fútbol del 2014) hay que saber de antemano qué se está buscando de esa cultura. Y es ahí donde surge la problemática: no poder identificar el recorte de lo que interesa para direccionar la búsqueda hacia el material bibliográfico más adecuado. En lo digital escribís Brasil en el buscador y te arroja un resultado inmediato, el cual se toma como válido inmediatamente. En un libro no es así. Entonces, los chicos se dispersan en el contenido, en la exageración de contenido al momento de buscar. Esa comodidad es la que termina por mermar ciertas capacidades intelectivas" explica.
En ese aspecto, también hay que considerar la uniformidad de centralizar la búsqueda: "los alumnos que investigan sólo en internet tienden a dar las mismas respuestas, que es el primer resultado que arroja el buscador. Mientras que el libro da infinitas opciones de acuerdo a cómo comenzaste la búsqueda o cómo la encaraste. Cada autor tiene un enfoque distinto, mientras que Wikipedia es un lugar que aglutina y, en consecuencia, predomina la unicidad de mirada. Todos copian y pegan, falta un esfuerzo de indagación. Así, el chico no se entera de otras miradas. A su vez, al momento de resumir, se cae en los datos duros, de rápido acceso y no se ahonda en las causas o matices que hacen a la relevancia o a una mirada particular y personal. Por cuanto, también atenta en esa jerarquización que exige resumir. No suelen leer ni siquiera todo lo que aparece en Wikipedia solo lo resaltado". Graciela reconoce que todos lo  hacemos pero recalca, con su impronta de docente, que los adultos saben que Internet no puede ser la única fuente.

EL ROL DEL BIBLIOTECARIO 
Septiembre también festeja el Día del Bibliotecario. Se eligió el día 13 pues fue cuando apareció en la edición de 1810 del diario la "Gaceta de Buenos Aires" un artículo escrito por Mariano Moreno donde anunciaba la creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, hoy Biblioteca Nacional.
Como homenaje a su labor, le consultamos a Graciela qué diferencia destacaría en el rol de los bibliotecarios, y en especial aquellos que trabajan en las Bibliotecas Populares, a lo largo de los últimos años: "Hoy requiere el doble de esfuerzo. Hay que dedicarse a gestionar el espacio pero también a darle visibilidad para captar público. A las bibliotecas populares se les tiene poca consideración, entonces hay que salir a invitar y a generar otro tipo de actividades".
Reconoce que el principal cambio radica en su función. En el pasado estaba más asociada a la de un cuidador de libro, mientras que ahora sería más bien un gestor del libro.

SOBRE LA BIBLIOTECA POPULAR JUAN MARÍA BECCIÚ
Cuando Graciela asumió las riendas de la biblioteca encontró libros antiguos, insólitos, audio-libros y rastros de nuestra industria libresca. Esos libros, en especial los incunables, se atesoran como piezas museísticas.
La lectura en sala es habitual. El lugar, una coqueta casona de principio de siglo XX, resulta un rincón cómodo, tranquilo, luminoso e inspirador, ideal para estudiar y concentrarse. Se dispone de un gabinete de computación con internet para uso diario.
Entre los servicios que ofrece se destaca el préstamo de libros a domicilio. Para ello, hay que estar asociado (la cuota mensual es de $40). Los préstamos duran 15 días renovables por 15 más, salvo que otro usuario requiera ese libro y sólo haya un ejemplar.
Las adquisiciones de libros se dan mediante donaciones de vecinos o por compras a través de subsidios que otorga la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) todos los años.
En el afán de consolidarse como un punto cultural, de encuentro y participación para la comunidad del barrio se ofrecen actividades adicionales: talleres de memoria, grafología, dibujo e italiano. Durante las mañana la Biblioteca es parte de una programa de terminalidad de primaria a la que asisten jóvenes y adultos.
La bibliografía disponible es bien variada: libros académicos, de reconocidos escritores mundiales y hasta de youtubers. "Todo vale para un primer acercamiento a la lectura, pues lejos de caer en el prejuicio de qué es apropiado, se contempla a todo libro como puerta de acceso. Si es lectura por placer, sirve para ir armando un recorrido que luego pueda llevar a otros intereses" destaca Graciela. También podemos encontrar libros de autores del barrio actuales, como Sergio Olguín o Silvia Aira.