Visitas:
27 de Julio 2018
OPINIÓN, CRÍTICA Y UN TOQUE DE HUMOR
Tribus Urbanas: De visita por el terapeuta
Escribe: Jesica Bond
Copyright © 2013 nuestrobarrioweb.com.ar - Medio Digital Comuna 11 y 15 – Todos los Derechos Reservados

Tantas personas, y personajes, nos rodean que casi es tarea imposible recordar las caras y gestos que nos cruzan día tras día. Imagino todo ese rico bagaje de múltiple diversidad que nos caracteriza a cada uno.
Me propuse, no solo por curiosidad, sacar de lo cotidiano todas aquellas personas que cumplen un rol en la sociedad. Todos cumplimos uno, pero pocos nos percatamos de ello.
He aquí, una serie de individuos, que a mi parecer y sin tener la intención de molestar a nadie, observándolos un poco más cuidadosamente encarnan un papel asombroso entre nosotros. Sumergidos en su mundo, creen no ser vistos y pasados desapercibidos, yo dejé de mirar para pasar a observar.
Diviértanse con ellos, y con ustedes…que también forman parte de “Tribus Urbanas”.
¡Bienvenidos a lo cotidiano!

Ese día, es clave en la semana. Es el momento en el que analizamos nuestras acciones y enfrentamientos con los demás y con nosotras mismas. Son esos 45 minutos esperados para desahogarnos con alguien que nos entiende y trata de pseudo solucionar nuestras crisis. Llega la hora esperada, salimos de donde estamos aclarando que tenemos terapia. Orgullosas y decididas a la carga del diván (si, todavía existe el diván).
Subimos al consultorio, siempre las mismas revistas, sale del consultorio de mi terapeuta una mujer con dos pañuelos de papel sonándose la nariz y moviendo la cabeza. ¡Pobre, y yo que vengo a contarle las buenas nuevas de mi semana! Suena mi apellido desde adentro del consul. Ingreso y la veo ahí, sentada mirándome. Me siento frente a ella, y nos separa un escritorio. ¿Cómo estas? Pregunta ella. Bien, digo yo.

Así comenzó nuestro encuentro. Luego me encuentro con no saber que decir. Ella me mira, sigo intrigada. Empiezo con un escueto, “tuve una buena semana” Sonríe y pregunta porqué. “Me aumentaron el sueldo, me visitó mi papá, mi novio me compró una pulsera divina, y me fue bien en un examen de la facu”. Parece alegrarse, pero enseguida replica y dice “Te aumentaron el sueldo…ya era hora, ¿no? Te lo aumentaron, ¿no pensaste que ahora te van a aumentar las horas de trabajo? Mi cara comienza a cambiar la expresión y solo digo, “puede ser…” No contenta con ello, dice “nombraste a tu papá, te visitó” ¿Hacia mucho no lo hacia? ¿Te fue a pedir algo? ¿Lo notaste raro? Y mi cabeza empieza a dar vueltas internamente, visualizando la cara de mi papá ese día, y efectivamente lo vi raro. Después de terapia lo iba a llamar. Ella continua, “tu novio te regalo una pulsera, a veces eso dice mucho sobre acciones a futuro, quizás quiere aplacar esos problemas de los que tanto me hablaste con algo material que lo haga olvidar, o tal vez quiere decirte algo no del todo positivo pero antes te hace un regalo”. Al borde del llanto, pensándolo bien, creo haberlo visto medio rarito días antes del presente. ¿Cómo no me di cuenta? En ese instante meto la pulsera dentro de las mangas de mi suéter, así no se ve. ¡No quiero ni verla! Es el sinónimo de mi falta de atención hacia mi novio, que en cualquier momento arremete contra mí. ¡Cuando llegue a casa se la voy a volar por la cabeza! Me distrae la voz de la terapeuta comentándome sobre el examen aprobado. Y ya tengo miedo. Le digo de antemano que me había preparado muy bien para ello, pero no pierde tiempo en decir “mira que los segundos son más difíciles, eh! Y ahí me doy cuenta que en vez de estar en ese consultorio, debería estar llamando a mi papá, buscando un nuevo trabajo, tirando una pulserita y estudiando Historia. Ya me puede el llanto, y se acrecienta cuando dice “es todo por hoy, te cobran en recepción”. Me quiebro, salgo con el ego pateándolo y con los ojos congestionados de dolor y bronca acumulada, desde el salón de espera me mira una muchacha tranquila. Me siento observada, ¿acaso no puedo llorar?