Visitas:
21 de Junio 2018
APORTAN UN SENTIDO DE IDENTIDAD Y PERTENENCIA
Vecinos intentan salvar los 175 buzones existentes en la Ciudad
Escribe: Carolina Orrego
Copyright © 2013 nuestrobarrioweb.com.ar - Medio Digital Comuna 11 y 15 – Todos los Derechos Reservados

Rescatando Buzones es una asociación que se interesa en salvar y preservar los buzones rojos que todavía existen en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

En la mayoría de las esquinas porteñas los buzones rojos desaparecieron sin dejar huellas, y las pocas que los conservan lo hacen, por lo general, en malas condiciones: vandalizados, despintados, descascarados y hasta repletos de basura. Así es como un grupo de vecinos armaron Rescatando Buzones, una asociación que se interesa desde 2014 por preservarlos del olvido, la desidia y la pérdida de identidad porteña.
“Los buzones son mojones o hitos en medio de Buenos Aires. La mayoría están ahí desde hace casi un siglo o incluso más, es decir, antes que casi todos nosotros. Son referencias en la gente mayor de cartas a familiares que vivían lejos, amores, punto de encuentro”, describe Matías Profeta, creador de Rescatando Buzones.

Según cifras del Correo Argentino, actualmente hay en el país 1.400 buzones. En la Capital Federal sólo 175 permanecen en pie (llegaron a contabilizarse alrededor de 1.450) y apenas 20 en uso. En el organismo reconocen que el grueso de los vecinos ya no los utiliza como antes, hace más de tres décadas se recogía un promedio de 400 cartas diarias cuando ahora ni siquiera llegan a 10, pero aclaran que el recorrido de los carteros se mantiene todavía vigente porque existe un porcentaje mínimo de envíos y porque gozan de un valor que no conoce de dinero ni de cifras, sino de historia.
Con pintura, mapas y algunos mates, Matías, y el resto de estos guardianes recorren las calles de la ciudad en busca de ejemplares dañados para rescatarlos del olvido. La actividad es a pulmón, con fondos propios, convencidos de que su misión logrará sortear el vacío legal que enfrentan los buzones por no estar protegidos desde la normativa.

“Buscamos aportar soluciones y no quedarnos en la denuncia o en la queja por su desprotección, sino en acciones positivas, por eso somos bien recibidos en los barrios. La mayoría de los vecinos se entusiasma con la iniciativa porque hay muchos que tenían ganas y no se animaban”, comenta Matías al describir cómo trabajan y el impacto de su tarea en las comunidades. Y especifica que algunas Sedes Comunales empezaron a recibir reclamos por su estado, ya sea para pintarlos o reponerlos cuando alguno es retirado.
El efecto contagio se refleja además en las actividades que promueven los propios vecinos, movidos por la misma causa. Luz Vincenot, de Caballito, quien junto a otros habitantes del barrio se puso al hombro la restauración del buzón ubicado en Doblas y Rosario, asumió el costo de un soldador que reparó la puerta y las bisagras antiguas.
Lidia López recorrió Buenos Aires en auto, geolocalizó unos 50 buzones para volcarlos en un mapa y poder hacer un seguimiento más exhaustivo en el tiempo, y logró, reclamo tras reclamo, restituir el ejemplar de Las Heras y Salguero, en Palermo.
Desde Correo Argentino confirmaron que junto al Gobierno porteño trabajan en equipo para poner en valor un conjunto de ejemplares, sobre todo, aquellos ubicados en zonas de preservación histórica, como avenida de Mayo o parte de la avenida Callao. En una segunda etapa, se prevé continuar con este proceso y ampliar el área de cobertura.
Es que más allá de la función postal que cubrieron en otra época, estas reliquias rojas aportan un sentido de identidad y pertenencia irremplazables en puntos emblemáticos de la ciudad. Es el caso del buzón de Sanabria al 3200, donde parroquianos del Café Notable de García, en Villa Devoto, se manifestaron cuando lo quitaron y lograron que fuera restablecido y el de Centenera y Tabaré, en Nueva Pompeya, cuyo arrebato obligó al dueño del Museo Manoblanca, Gregorio Plotnicki, a enviar una carta a las autoridades para pedir que regresara.

Desde las redes sociales y plataformas digitales se potencia este intenso trabajo, Mariano Juárez desde 2016 recopila fotografías desde @BuzonesdeBuenosAires, en Instagram, para conferirles de una visibilidad de la que muchas veces carecen e intenta salvarlos del peligro de desaparecer.
Lleva capturados más de 120 ejemplares porteños, varios de los cuales fueron vandalizados, restaurados o retirados en medio del avance de obras inmobiliarias. Sin embargo, resiste apoyado por la gente que se entusiasmó con la idea y que bajo los hashtags #proyectobuzon y #buzonesdebuenosaires comparte imágenes, y rodeado de todo tipo de anécdotas que fortalecen su pequeño aporte.
“Creo que los buzones son tan porteños como el fileteado y los adoquines de San Telmo. Espero que con las fotos que publico día a día pueda preservar el recuerdo antes de que desaparezcan por completo”, concluye Juárez.

Historia de los buzones
Los primeros buzones en el mundo eran cajas de madera, ubicadas preferentemente en las iglesias, y servían para depositar denuncias anónimas dirigidas a las autoridades de los poderes públicos locales. Un formato similar se adoptó en la Argentina. En 1858 se instalaron en Buenos Aires en el centro, en plazas, parques y estaciones de ferrocarril.
En 1868 se convirtieron en cajas metálicas y pasaron a ser 22 los ejemplares. Pero no estaban al alcance del público porque dependían del horario de atención de los comercios que los ofrecían.
Los buzones cilíndricos, como se conocen hoy, llegaron recién en 1874 desde Inglaterra, por encargo de Eduardo Olivera, director de Correos y Telégrafos que alentó la sanción de la Ley de Correos de 1876 y el ingreso de la Argentina como país miembro de la Unión Postal Universal en 1878. Para el año 1879, ya eran 40 los buzones cilíndricos instalados en la ciudad.
A mediados de 1895, su sucesor, Don Carlos Carles, firmó un contrato con los talleres Fénix y esto permitió la construcción masiva de ejemplares, con “sombrerito” de estilo inglés y pintados de rojo, para Buenos Aires y el interior del país.
Al igual que sus formas y materiales, sus colores también mutaron. El rojo inicial llegó invicto hasta 1972. Con la creación de la Empresa Nacional de Correos y Telégrafos (ENcotel), los buzones se pintaron de negro y amarillo, como los taxis. Con la llegada de la democracia, adoptaron el verde claro, que duró sólo cuatro años cuando recuperaron el clásico rojo. En 1997, con la privatización de ENcotel, la empresa pasó a manos privadas con el nombre de Correo Argentino y los ejemplares tomaron sus colores institucionales: azul y amarillo. Esta disposición no se extendió demasiado y en 1998 recuperaron su impronta tradicional hasta la actualidad.