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10 de Marzo 2017
LAS "LISTITAS" DE PENDIENTES Y OBJETIVOS
El año empieza en marzo
Escribe: Mayra Shalom
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Se puede pensar, que a la gran mayoría de nosotros nos ha quedado una costumbre de la niñez o la adolescencia, y aunque tengamos hijos en edad escolar o no, seamos docentes o no, solemos decir que el año comienza de verdad en marzo.
No es que nos hayamos ido de vacaciones muchísimo tiempo, quizás no nos hayamos ido del todo, ni que hubiésemos hechos grandes cosas, pero digamos que es recién en marzo que el año se empieza a acomodar, si tal cosa existiera. Algunos más holgazanes sugieren que en abril, pero realmente no lograron tener mucha aceptación con esa teoría.
Existe una costumbre por estos meses que forma parte de la intimidad de cada uno, que pocos comentan pero que está muy difundida, que es la de hacer “listitas”. No se parecen a los deseos que uno pueda pedir a fin de año, sino que representan cosas que uno quisiera hacer, cree que podría llegar a lograr, e incluso hasta asume la responsabilidad de esforzarse por hacerlas.
Estas consignas son por supuesto de diferentes jerarquías de importancia e incluso de dificultad. Intelectuales, estéticas, organizativas, actitudinales, emocionales y hasta consumistas.
Sería algo así como: terminar las materias pendientes, usar más lápiz labial de día y polleras en lugar de pantalón, sacar los muebles que me abruman del living, ser menos permisiva, cambiar el celular.
Existen los autocomplacientes que procuran no proponerse objetivos demasiado difíciles porque no les gusta llegar a fin de año sin haberlos cumplido: mandar a la tintorería la campera, llamar al técnico del lavarropas. Otros masoquistas que se ponen metas inalcanzables y se descubren siempre frustrados: terminar la tesis de maestría y empezar un postgrado virtual y otro presencial. También, como en todo, están los del medio que hacen un poco y un poco: Irme a vivir al sur y ordenar los papeles de arriba de la mesa de la cocina.
Están aquellos que reman y reman para cambiar su personalidad y agarrarse otra: vestirme con ropa de colores y escuchar música zen, hacer meditaciones matinales, comer sólo lo que cocino por mí mismo, usar artículos de limpieza orgánicos, hacerme vegano, formar parte de un colectivo ecologista. ¿No será mucho?.
Existen metas muy generosas: visitar más a mi tía abuela, sacar toda la ropa que no uso y regalarla. Y también otras más oportunistas, pero que jamás van a ocurrir como: sacar toda la ropa que no uso y venderla en alguna feria americana, alquilar el departamento familiar amueblado en dólares a turistas.
Como sea, las listas permiten pensar cómo uno quiere ser, hacia donde quiere ir, qué cosas tiene pendientes y cuales simplemente les gustaría que sucedan. Ilusiones, fantasías, deseos, valores, intenciones. Aunque puedan cumplirse o no. Dicen mucho de cómo uno es, y de cómo uno quiere ser. Uno se lo dice a uno mismos. Es personal: comer más ensaladas con semillas y menos sándwiches de salame y queso, no trabajar después de hora, decirle más veces que la quiero, tomar sol y mates en parques en vez de mirar tantas series los domingos, aprender a manejar, comprarme una bicicleta, empezar natación, ver más a mis amigos de la secundaria, cortarme el pelo cortito, usar aros largos y tacos altos, hacer yoga, moai tahi, acrobacia, o ala delta. También están las listas indecisas, que no se definen del todo. Lo bueno es tratar de ponerse algún que otro desafío, para sentirse bien al haberlo logrado o no, sin sentirse “apretujado”, encerrado u oprimido. Es una lista pacífica como para no olvidarse y, en general, se sugiere hacerla en un momento feliz y distendido, liviano, sin mayores exigencias que el deseo de que algo sea diferente. Dice Galeano, “Somos lo que hacemos, sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos”. No es que esté mal lo que somos… pero la vida es dinámica y hay que andar activo y despierto, para tratar de llevarla uno, más decidido, atento, y en lo posible, con más gusto y menos inercia.