Visitas:
7 de Febrero 2018
CUENTOS DE BARRIO: LUCIANO MELCHIORI
El Mago de La Paternal
Escribe: Dafne Strobino Niedermaier
Copyright © 2013 nuestrobarrioweb.com.ar - Medio Digital Comuna 11 y 15 – Todos los Derechos Reservados

Melchiori nació en 1978 y actualmente vive en La Paternal, es Licenciado en Comunicación Social y escribe poesía y narrativa; en el 2016 publicó “Númenes” (Editorial Purapalabra) disponible en Librería El Gaucho (Boyacá 1538). Además participó en antologías de poesías y cuentos de otras editoriales (Editorial Dunken, De los Cuatro Vientos, Clara Beter, Ed. Croupier).
La poesía “Llueve en La Paternal” de LUCIANO MELCHIORI fue extraído de su primer libro titulado "Númenes” que ha sido escrito a lo largo de veinte años.
Adentrándose en sus páginas se podrá encontrar con poesías desprovista de solemnidad y abundante en recursos que caracterizan la intensidad estilística del poeta… Un pájaro lucha por salir a volar entre fríos papeles de oficina, mientras a un pintor le cortan las manos; la locura y la muerte se besan en la esquina de Donato y San Martín, cuando escuchan que en la isla Periplo las palabras lo curan todo; una mujer pregunta bajo la lluvia de Paternal qué es el amor en el mismo momento que un hombre jura en Puente 12 que el amor no es para siempre.

 

El Mago de La Paternal

Me contaron el sábado en el bar Mac Perro de La Paternal que en el barrio vivía un anciano con ciertos poderes sobrenaturales. Uno de ellos, el más admirado por los vecinos, era el de conceder a cualquier fulano que le diera veinte guita el deseo de meterse literalmente en una foto vieja. Y cuando digo meterse es meterse de verdad, viajando a ese lugar y momento sin ser percibido por los presentes en la foto. El único requisito para llevar a cabo el experimento era que el viajante interesado no haya estado allí en el momento del click.
Nunca se supo bien cómo lo lograba. Lo cierto es que alguien iba con una foto, el Mago –así se hacía llamar- la revisaba durante unos minutos y luego de unas preguntas puntuales referidas a la situación retratada, le daba al visitante un brebaje del color del Fernet que tenía que ingerir de un solo trago. Dicen los que probaron este preparado que tenía un gusto espantoso y que la fórmula era tan secreta como la de la Coca Cola. Cuentan también que a los pocos minutos de haber bebido a fondo blanco esa especie de vascolet, se entraba en transe y casi inmediatamente se caía uno redondo al suelo. Allí empezaba todo el periplo. De repente estabas en la cancha de Almagro gritando un gol de Frondizi o caminando por Florida, rodeado de hombres con sombreros y traje, o subido al zamba del Italpark. Algunos maridos celosos han sabido viajar en foto para confirmar lo que todos en el barrio ya sabían. Eso sí, los viajes más solicitados eran los de quienes buscaban meterse en fotos familiares: observaban padres y abuelos sentados a la mesa de algún cumpleaños, ravioladas de domingo al mediodía, otros les conocían la voz a tíos segundos y vivían en vivo y en directo hechos que posteriormente se convertirían en anécdotas entrañables. En fin, los ejemplos son de lo más variados.
El Mago siempre advertía a quienes se le acercaban: “…sepa que si usted viaja en foto, allí no tendrá la posibilidad de expresarse, de tocar nada o hablar. Solamente estará ahí, como un fantasma, contemplándolo todo como un cuerpo de humo imperceptible, que atravesará las cosas y su voz será muda. Y algo importante: nunca intente abrazar a nadie, puede provocarle a esa persona el mal de ojos por siete años”.
Capítulo aparte merecería la capacidad de algunos perros de percibir estas apariciones venidas del futuro. Instantáneamente, cuando el pichicho detectaba la presencia fantasmagórica, empezaba a ladrar y hacer círculos sobre sí mismo tratando de morderse la cola. O se tiraba en el pasto dando vueltas, refregando el lomo contra el suelo mientras el espectro estaba allí.
En los viajes hacia reuniones familiares, una clara señal de la presencia del viajante era que siempre se volcaba un vaso con vino. Los presentes exclamaban ¡¡¡alegría, alegría!!! mojando la yema de los dedos con el vino derramado y haciendo una cruz en la frente de los más pequeños.
El aparecido en la situación, cabe aclararlo, era completamente inofensivo y nada que hubiera sucedido en el pasado se podía cambiar. En definitiva, el viajante  se convertía en testigo de lujo de situaciones que no había vivido. Era como si todo quedara grabado en una cinta secreta, y quien ponía rew y play de un acto de antaño, era el viejo brujo, haciendo que sus visitantes bebieran previamente el brebaje mágico.
Para volver a la realidad luego de la travesía no había ningún secreto: a los veinte minutos de iniciado el ritual, el efecto de la poción simplemente comenzaba a menguar hasta desaparecer completamente. Entonces el desmayado despertaba ahí en la casa del viejo, con un fuerte dolor de cabeza que podía durar hasta tres semanas. Algunos recordaban poco y nada del viaje, y lo único que se llevaban a la casa era flor de chichón por el golpe de la caída. Otros lloraban de alegría y se iban a buscar miles de fotos para regresar. Pero el mago siempre les advertía que su bebida mágica no se podía ingerir más de una vez al año porque tenía yerbas muy dañinas para el corazón. De hecho, con cada preparado - podía llevarle meses elaborar unas pocas dosis- obtenía un máximo de cinco viajes, y aunque a ciencia cierta nadie sabe exactamente qué contenía aquel brebaje, algunos aseguran haber visto al viejo cazando sapos que luego hervía en vino patero, todos los 25 de diciembre a la sombra de una higuera.
Cuentan otras lenguas de la calle Camarones que un día nuestro hechicero le concedió a un viejo del barrio de Villa del Parque el deseo de regresar a un cumpleaños del año 1967 en el que supuestamente no estaba presente. El mago, además de revisar la foto y las caras, le hizo antes las preguntas de rigor para descartar su presencia en la foto. Nada hacía pensar entonces que este solicitante malintencionado podía estar allí presente. Pero en verdad le había mentido y el mago no lo descubrió. Lamentablemente no había notado que en el ángulo inferior derecho de la fotografía, un dedo de la mano izquierda del viejo se dejaba ver. La consecuencia fue nefasta: El engañador nunca más pudo volver de su viaje en foto, y es hasta el día de hoy que lo andan buscando por Plaza Irlanda, donde lo vieron por última vez. Los familiares del viejo saben pararse en la puerta del brujo a gritarle ¡hijo de puta, devolvenos al abuelo!, pero desde adentro de la morada nunca hay respuesta. Durante años la policía revisó la casa del Mago al menos una docena de veces, pero tampoco han encontrado nada.
Otra vez, se cuenta que el viejo estaba preparando la pócima y, un poco distraído, falló en uno de los ingredientes. Parece que estaba medio borracho y omitió incomprensiblemente el componente que lo hacía a uno invisible en el viaje. Este componente no debía faltar, porque ser percibido de alguna manera por las personas de la foto era algo extremadamente peligroso. Imagínese usted haciéndose presente en un casamiento de antes de haber nacido para advertir a todos que el novio en realidad estaba enamorado de su cuñada. Algo que sólo habría de saberse treinta años más tarde. Eso, sin aclarar que usted en verdad es hijo del novio y la cuñada. Además, el maestro que le reveló esta fórmula le había advertido que si alguna vez modificaba intencionalmente el brebaje y no lo utilizaba tal como se lo estaba describiendo, la peor de las maldiciones caería sobre él y toda su descendencia.
Lo cierto es que el viejo una vez falló involuntariamente en el componente de la invisibilidad y le dio el brebaje a una mujer que le llevó la última foto de sus padres con vida. La foto era en una fiesta de quince del año 1985. La pareja había dejado a esa niña, hoy una mujer, al cuidado de su abuela para tener una salida solos. El hecho es que su padre en la fiesta bebió demasiado y ambos terminaron muertos en la curva de Turdera, con su Taunus rojo debajo de un camión cisterna. En este viaje en foto de la mujer, el brebaje accidentalmente estaba incompleto, la mujer lo bebió y a los minutos se hizo  presente en la fiesta con su rostro actual. Al pararse frente a ellos, sus padres la miraron, como viendo en ella una cara conocida -en ese entonces Susana tenía 3 años y ahora casi 30-. La mujer se abalanzó encima de su padre, que estaba completamente borracho y le suplicó que por favor se tomara el 165, que no manejara hasta su casa en ese estado. Personal de seguridad la sacó a la rastra del lugar y por el escándalo terminó encerrada en una celda de comisaría. A la mañana siguiente cuando los policías la fueron a buscar, había desaparecido.
Sorpresivamente, de un día para el otro, al Mago nunca más se lo vio. Si uno anda por el barrio y pregunta a los más viejos, todos juran haberlo visto en la cancha del Bicho en la tribuna que da a Juan Agustín García. Eso sí, no están seguros si ese recuerdo es de algún viaje en foto o del sábado pasado. Si me apuran, para mí se subió a la foto que más quería y se quedó ahí para siempre.

Luciano Melchiori
https://www.facebook.com/lmelchiori